Joan Lacomba - RECORTES

2013| 08/04>08/05

Un grupo de maniquís, forrados de periódico, están suspendidos del techo, pies arriba cabeza abajo; con los brazos separados del tronco y esparcidos por el suelo. Una serie de tiras de papel, también de periódico, con figuras humanas dándose la mano, están fijadas con alfileres en las paredes de la galería. La mayoría de periódicos, de rigurosa actualidad, llevan noticias de política económica. Busco en los cuerpos suspendidos e invertidos y con los brazos cortados, semblanzas con la inestabilidad de los creadores que sufren, como la mayoría de los ciudadanos, los recortes en ayudas y los aumentos del IVA. Estos brazos re-cortados son un intento de “cortar las alas”. En cambio, las tiras de muñequitos me recuerdan otros tiempos, también difíciles de la posguerra del 36, cuando de niños, al abrigo de la chimenea y bajo la sabia mirada de la abuela, éramos capaces de ser creativos y esto me da cierta fuerza y esperanza. A pesar de las actuales trabas, la creatividad no debe morir; al contrario, convirtamos estos recortes en unas podas que inviten a un resurgir vital.
Medidas variables, 2013.


las convicciones son esperanzas

Un país donde la palabra crisis no es ajena ni siquiera al lenguaje de los niños, definitivamente No es país para niños. Y es que portadas, contraportadas, y titulares más o menos grandes nos recuerdan día a día la progresiva y feroz merma a la que se ven sometidos los derechos de los ciudadanos ya desde la infancia.

Lacomba recrea en la instalación “Recortes” este momento de desconcierto y dificultad general a través de una fuerte carga simbólica manifestada en su eje central con la presencia de una serie de figuras en forma de maniquíes colgantes boca abajo y revestidos de papel de periódico.

 

En los últimos años la sociedad ha estado padeciendo un gradual proceso de transformación a partir del cual un gran porcentaje de sus miembros se ha visto presionado a trabajar mecánicamente a favor de los intereses de las clases poderosas. Los ciudadanos hemos pasado a ser casi autómatas, maniquíes que como si a un ejército pertenecieran, deben ser modificados a medida con el fin de integrar una gran cadena de montaje que garantice una calidad eficiente y homogénea al servicio del capitalismo. Como consecuencia de dicho cambio la obligación ahora es la de renunciar a los planes propios para satisfacer los ajenos, dando un giro de ciento ochenta grados a la perspectiva de vida que un día proyectamos.

El camino no es fácil porque son nuestros brazos los que ruedan por el suelo -y hay que asumir que la mutilación es sólo un daño colateral dentro del procedimiento- pero además la obstrucción del trayecto impide no sólo llegar a la meta, si no tener que transitar esbozando giros imposibles de dudosa seguridad que en muchas ocasiones nos retornan a la casilla de salida.

En contraste con este escenario de representación desoladora, existe en “Recortes” un hálito enérgico de optimismo salpicando las paredes de la sala. Son esas cadenas de figuras de hombres y mujeres realizadas de nuevo a base de recortes de papel en las que se aprecia una sutil pincelada de color. Nada mejor puede representar la cantidad de movimientos sociales que han surgido entre tanto ajetreo político, encarnando la unión de fuerzas comunitaria y declamando más que nunca la necesidad de empatía del pueblo con el pueblo. Hoy se materializa un mismo brillo en los ojos de la sociedad, una serie de principios comunes revelados en una lucha masiva que debe tener como única bandera la reivindicación de las personas por una vida digna no interferida por intereses económicos y especulativos. Más que nunca se hace necesaria una sintonía social que fundamente el esfuerzo diario se seguir vivos, porque al fin y al cabo las convicciones son esperanzas.

 

Elena Lafuente Alonso | Marzo, 2013


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