Fernando G-Vela - D E M O L I C I Ó N

2012| 21/05>16/06


Demolición-5 / Detalle |(combine painting - collaga) 2011

 

 

Demolición 1 y 2
Técnica mixta y Collage
(2011)

 

“Huella y aura. La huella es la aparición de una cercanía por lejos que pueda estar lo que la dejó atrás. El aura es la aparición de una lejanía por cerca que pueda estar lo que la provoca. En la huella nos hacemos con la cosa, en el aura es ella la que se apodera de nosotros”
Walter Benjamín El libro de los pasajes

Demolición

El perfil quebrado de unas escaleras, los zócalos pintados, los trazos de carbón de las chimeneas, los papeles pintados, que cuelgan desprendidos o rasgados en jirones, a través de los cuales asoman los ladrillos rojizos o las viejas capas de pintura, y sobre todo esos colores tan peculiares, tan característicos de una época, tonos agrisados, tonos pastel, verdes, rosados, blancos, ocres, amarillos, de la pintura al temple. El solar está lleno de escombros o más frecuentemente vacío. Sobre las paredes medianeras de los edificios colindantes, las últimas huellas del viejo edificio demolido, pálidas a plena luz del sol, nos hablan de la vida de quienes lo habitaron, nos hablan del pasado.

(Unas vidas y un pasado inalcanzables, que sólo podemos atisbar recurriendo a lo genérico, a lo que es común a todas las vidas)
Fue hace unos diez años cuando hice las primeras demoliciones, si bien mi fascinación por esta “presente ausencia”, estos 13 Rue del percebe de tonos pastel, había empezado mucho antes. Pero una cosa es tener el motivo, sentir un interés y otro encontrar la forma adecuada de expresarlo. Esta forma se me rebeló un buen día paseando por Grado, cuando ví unas esquelas grapadas sobre un tablero de corcho. Toda la superficie estaba llena de grapas y jirones de esquelas. Aquello me produjo una gran impresión y saqué varias fotografías.

(Luego lo he visto en otros muchos lugares y nunca ha dejado de llamarme la atención. Las esquelas se grapan en el tablero para dar publicidad a las defunciones, cuando pasa el tiempo se arrancan o se grapa encima, poco a poco se van acumulando las grapas y los pequeños fragmentos prendidos en ellas.)

Después, en el estudio, empecé a trabajar con la grapadora, primero en una pieza titulada precisamente Las esquelas de Grado, y ya más tarde sobre la primera Demolición, grapando papeles pintados, procedentes de un viejo muestrario, sobre un tablero, y luego arrancándolos, dejando que sobre la superficie se fueran acumulando los jirones, pintando a veces, añadiendo otros materiales, intentando crear una especie de collage, pero no de papeles encolados sino grapados.

(El título Demolición, ahora para mi, indisociable de estas piezas y que por otra parte parece bastante obvio, fue lo último en este proceso, lo decidí cuando expuse la primera Demolición, en parte por el tema, en parte en memoria de Jean Lefeu, el pintor de Lefeu o la demolición, la novela de Jean Amery)

Fernando G-Vela

 

Fernando G-Vela


Guías de Praga (arte objeto) Técnica mixta y collage (2011)


soldados de la serie "Objetos Personales" . (acumulación - ready-made) tratado pictóricamente y caja (2012)

OBJETOS PERSONALES

Hará unos doce o trece años, no sabría decirlo con precisión, empecé a cubrir con pintura blanca alguno de los muchos objetos de todo tipo que se iban acumulando en mi estudio. Comencé a pintarlos de una forma gratuita, sin propósito alguno, si ambición. No los pensé como esculturas, pues por entonces ya había abandonado la escultura, simplemente eran objetos que iba pintando de blanco y que con ello adquirían un carácter distinto. Con el tiempo, al hacer más piezas y reflexionar sobre ellas, fui tomando conciencia de su posible significado, fue cobrando forma, muy lentamente, la idea de los Objetos Blancos que hoy denomino Objetos Personales, dado que con la mayoría de ellos he tenido un trato personal, los he usado: he leído los periódicos y luego los he ido apilando durante meses, durante años, he apretado con mis manos los tubos de pintura, los he retorcido, he pintado con esos palos, con esos pinceles que ahora forman un amasijo, he jugado con estos soldaditos que yacen en el fondo de un cajón.
En la mayoría de los casos estos Objetos Personales han ido creciendo día a día por acumulación, como ocurre en los vertederos con las montañas de basura o en los yacimientos prehistóricos con los concheros; en otros casos, por ejemplo en el de los soldaditos, se trata de objetos que han sobrevivido a varias mudanzas hasta acabar en mi estudio. En unos casos, por tanto, son directamente basura, en otros están a punto de serlo. Pero basura pintada de blanco. El blanco es para mí el color de la objetividad y también el color de la nada. Los objetos blancos aparecen sumergidos en su propia ausencia. Aparentemente el blanco los sustrae de toda contingencia, de toda corriente temporal.

Tradicionalmente en las escuelas de Bellas Artes se enseñaba el dibujo copiando modelos escultóricos de mármol o reproducciones en escayola, con el objeto de que el color o la textura de la piel o la sensualidad de las formas concretas no distrajeran de la pureza racionalista del dibujo. Las cualidades más estables, la forma y el volumen definido por el contorno lineal y el juego del claroscuro, predominaban en ese aprendizaje sobre las más variables, la textura y el color. El blanco del modelo escultórico contribuía a este fin. En mis Objetos Personales, el blanco que recubre su superficie, alude irónicamente a este blanco académico, pero más allá de ello, la pintura blanca es un procedimiento para aumentar su objetividad, su indigencia, para convertirlos no en esculturas sino en cosas. Los Objetos Personales son sólo eso, objetos, no pretenden ser esculturas. Son objetos, con sus dimensiones reales, sin pedestal, como han quedado al ser amontonados, al ser abandonados, solamente la pintura blanca los aísla de su entorno, los extraña, los convierte en motivo de reflexión; no busco la representación, sólo presentación, ultraobjetividad. Lo que quizás les confiere su aire característico es, ya lo he dicho, que son objetos usados, ruinas sobre los que se ha extendido el manto de una inmaculada blancura. La ruina no se asimila al paisaje cubriéndose de hiedra, no va desapareciendo apaciblemente, degradándose con el paso del tiempo, se encapsula en un blanco sin tiempo, una nueva objetividad, antinatural, antitemporal, inquietante.

Fernando G-Vela

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