Encarnación Domingo - - Los recuerdos dejan impresiones

05 Septiembre - - 05
Octubre 2011


el reflejo de la luna
mixta sobre aluminio, 24 x 40 cm.

Paseas tu mirada por una playa desnuda y apacible.
Tras ella, el mar y una franja de cielo conforman un parámetro enigmático.

 

Líneas cuasi abstractas habitan la mirada de Encarnación Domingo; un lugar en el que se alojan durante toda su memoria; franjas de la naturaleza en las que el ser humano se hace minúsculo. Esta premisa nos hace rememorar el sentimiento que nos ha dejado un gran precursor como William Turner,  y de la misma manera, la sutileza de estos paisajes bordan reminiscencias contemplativas que rememoran las inmensas composiciones de Rothko con sensaciones de inquietud y descubrimiento; pero en la serie pictórica que protagoniza este comentario, las obras se nutren virtuosamente de la esperanza, pues nos invitan a observar más allá del horizonte, a contemplar los confines donde el cielo, el mar y la tierra, se unen plásticamente como un muro desnudo e imaginario. La estética lacónica y la técnica firme acentuada por el soporte metálico y la pintura industrial nos trasladan hacia una trascendencia pseudominimalista que pudiese parecer fría; pero su estilo, que oscila agradablemente entre lo figurativo y lo abstracto, nos presenta una imagen reconocible que queda reducida a formas simples pintadas cálidamente sobre estratégicos tratamientos del soporte. Su reducción al mínimo esencial y su composición nos recuerda lejanamente al americano Milton Avery; tanto por el carácter insólito de sus paisajes como por su aire melancólico y metafísico.

luna
mixta sobre aluminio, 21 x 20 cm.

Las composiciones que nos presenta Encarnación Domingo poseen una intensa cualidad atmosférica, que trasciende la realidad para acceder a un estado espiritual de ensoñación emotiva. Muchas de sus obras reflejan el constante enfrentamiento entre la luz y la materia más etérea, entre la vida y el recuerdo; pero sus franjas visualmente desconcertantes iluminan símbolos de belleza y libertad que reposan en cada campo de color. Pieza tras pieza el optimismo tiñe cada plancha y se refleja en nuestra retina, tiñéndola de una ingravidez ilusoria que nos muestra aquello que deseamos vivir. En cada costa se nos ofrece un diminuto deseo que aguarda un gran secreto. Tan solo debemos desembocar en sus orillas con los sentidos abiertos y dejarnos llevar por los susurros que el horizonte pronuncia.

 

El toque instintivo y la sutileza de la ejecución reflejan el método de un trabajo rápido y fluido pero sometido a las restricciones del diseño geométrico. El acabado de la superficie es suave y sereno, y posee la belleza de lo simple, evocando una tendencia a la melancolía y a la espiritualidad. Las franjas de color plano deben mucho al expresionismo de Günter Förg y de B. Newman, pero la obra de E. Domingo es mucho más fresca y más figurativa trabajando con la pintura industrial sobre la lámina de metal que funciona como soporte y motivo al mismo tiempo.

duna roja
mixta sobre aluminio, 33 x 44 cm.

Gran parte de su trayectoria se inspira en el paisaje costero más cercano, se esquematiza en su memoria formando composiciones que se podrían calificar de exclusivamente abstractas y minimalistas. Pero nada más alejado de la realidad; su objetivo es ilustrar una visión parcial física y emocional motivada por presentar lo que puede sentirse cuando se mira o se contempla el horizonte. Se trata esencialmente de una visión alejada de los convencionalismos y de la obstinación académica o esteticista que los estudiosos del arte pretenden etiquetar; pero su obra se resiste a las insistencias de la moda. En este caso, un claro precedente lo encontramos en Agnès Martin, cuyo estigma del minimalismo quería implicarla en su concepto formal de creación; pero su realidad estética inclasificable huía de estos preceptos intelectuales. Ese motor de inspiración se puede hallar en cada una de las obras que forman esta serie, observando la contemplación sosegada que Encarnación Domingo nos manifiesta. Una vez más las clasificaciones no pueden apoderarse de una creación tan esencial como anímica que busca retener una sensación que  logra aproximarnos a un onírico misticismo.

 

Poner la mirada en el horizonte bien podría ser un buen remedio para alejarse de los muchos problemas que nos bombardean cada día con multitud de imágenes desagradables. Si no existe un buen remedio para solucionar los problemas que nos acechan día a día, muerto el postmodernismo, el inconsciente puede ser un buen grabado que nos traslade a ese recuerdo agradable que se ha reflejado en nuestra memoria y dejar que el aire fluya.

 

jaime rguez – 2011

costa
mixta sobre aluminio, 40 x 50 cm.

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