DE CAMINO (fotografía) - Marcos Morilla

23 noviembre 2009 - 08 enero 2010



sin título
Digigraphie sobre "dibon"
122x110 cm.
2009
sín título
Digigraphie sobre "dibon"
110x113 cm.
2008

sin título

Digigraphie sobre "dibon"
110x110 cms.

2009

 

 

 

 

sin título
Digigraphie sobre "dibon"
91x100 cm.
2009
sin título
Digigraphie sobre "dibon"
110x127 cm.
2009

DE CAMINO

Del mismo modo que la época dorada de la pintura del paisaje no fue el naturalismo sino el romanticismo cuando, en el espíritu de la evolución de los tiempos en el arte, la obra de los pintores como Froedrich o Turner puso de manifiesto que el arte no es tanto expresar la visión de un modelo determinado como la propia visión del artista, -el testimonio de una experiencia sensible- la fotografía adquirió la plenitud de su estatus como arte cuando los fotógrafos, liberados de la mera tarea de representación y documentación de lo cotidiano, demostraron que la obra podía ser algo más transcendente que lo que la cámara era capaz de reproducir, si aportaban para ello las técnicas propias de su oficio y la creatividad de su talento artístico.

Las obras de Marcos Morilla , uno de esos fotógrafos y también uno de los de mayor relieve y más brillante trayectoria en el arte asturiano contemporáneo, llega hoy a la galería TEXU de Oviedo, y que será, sin duda, histórica. Nos trae una secuencia de miradas fotográficas con la que convive en el lugar, Argüero, en Villaviciosa, de su residencia, el camino que lleva desde su casa a los acantilados y las arenas de la mar cercana. ¿Son estas imágenes de condición romántica? Sin duda, porque expresan sentimientos y emociones profundas, sugerencias sensoriales que actúan con intensidad en el espectador que contempla la obra. Pero ese romanticismo no es como el de los grandes románticos de la pintura, el de los inmensos abismos y montañas, de carácter cósmico, concebida la naturaleza como una experiencia de lo sobrenatural y el nombre sobrecogido en ella en su insignificancia. Por el contrario, estamos ante una comunicación con la naturaleza sin retórica, en pie de igualdad, ante la visión de un paisaje a escala humana, una mirada desde el amor y el goce cercano, de un insimismamiento un poco zen, de una comunicación en soledad y silencio, con una disponibilidad total de los sentidos. Se ha mimetizado el artista con su entorno hasta conseguir que su alma se parezca al paisaje y esa percepción la sentimos también, un poco nuestra en la contemplación.

sin título - Digigraphie sobre "dibon", 100x325 cm. (2009)

Marcos Morilla recorre un camino mil veces recorrido, mira lo que muchas veces ha visto, pero ahora, ante la mirada del artista, la naturaleza deja de ser concreta e identificable, medida y limitada, para convertirse en un misterioso acontecimiento de luces y sombras, de formas inciertas, sin contornos, flotantes, fantasmales, contagiadas de infinito, donde los detalles sin importancia se agigantan para adquirir una nueva dimensión y protagonismo. A veces incluso, por unos de los grandes enigmas de la fotografía, aparecen en ella cosas que se escapan a la contemplación normal, aquello que un gran fotógrafo del pasasdo definió como "lo que no estaba allí".

Con esta serie de fotografías, Marcos Morilla nos enseña a valorar y redescubrir lo cercano, el entorno inmediato, la propia memoria. Pero también a acostumbrar la mirada a ver más allá de un paisaje de mera referencia física, de tarjeta postal, a sentir la capacidad de emoción del arte cuando la naturaleza, siendo ella misma, parece dejar de ser algo conocido.

Rubén Suárez

 

sin título - Digigraphie sobre "dibon", 100x122 cm. (2009) sin título - Digigraphie sobre "dibon", 100 x 121 cm. (2009)

sin título
Digigraphie sobre "dibon"
100x205 cm.
2009

sin título - Digigraphie sobre "dibon", 100x92 cm. (2009)

Marcos Morilla  se encuentra dentro de ese conglomerado  actual de creativos que abordan la obra de una manera fluida. Una cultura líquida que exige siempre nuevas cosas, y que al igual que otros creativos relevantes se centra en el análisis imaginario inconsciente de nuestra sociedad, cargada de complejidad y turbulencia. (1)  Pero en este caos aparente sí se genera un tipo de orden y nos ofrece imágenes del subconsciente que deambulan paralelas a su realidad más cotidiana.

Ese “ir y venir” cada día entre una naturaleza bien conocida se aleja de la generalidad paisajística de una visión primaria. Procura acercarse a esos pequeños pero grandes detalles o instantes que nuestra para muchos de nosotros pasaría desapercibida. Esos momentos los traslada a su cámara y a partir de esa impronta germinal la enriquecerá con su aporte artístico: El cambio ya no se trata de un tránsito hacia una nueva imagen, sino hacia una condición permanente de algo que carece de apreciación ordenada. Y de esta forma surge la noción de fluidez como metáfora (2) con la que poder comprender un cambio sutil de aquella primera impronta realista sin perder una partícula de gran alcance “pictórico”. “Todo lo sólido se desvanece en el aire”, todo el imaginario de la estabilidad convencional ha perdido vigencia: para mostrarnos sus imágenes evanescentes, casi etéreas de un momento, de un instante borroso como un recuerdo.

De camino (3) con Marcos Morilla nos irá mostrando momentos “irrelevantes” de su naturaleza en un presente  que se habrá desecho de los grandes sueños, para quedarse con la inmensidad de esas pequeñas cosas que en su mente se repiten una y otra vez. Y nos las ofrece transparentemente, bajo su propio tamiz en la frontera de lo fotográfico y lo pictórico del creativo ya consciente; para que ese instante ya materializado se termine con la interpretación de algún espectador ávido que busca  completar o terminar cada obra.

 

 

Jaime Rodríguez, noviembre de 2009

 


(1) y (2) frases extraídas de Zygmunt Bauman, Arte ¿Líquido?, Sequitor, Madrid, 2007.
(3) Extraído del catálogo14 fotografías-Marcos Morilla, Texto introductorio de Rubén Suárez, 2009