paisajes SIN memoria Luis S. Lanzas

septiembre - octubre
2009





fotografía: La Nueva España

croquis de la pieza "laberinto"
montaje

 

S/T - Infografía, 50X80cms.
S/T - Infografía, 100x100cm. (2009)
S/T - Infografía, 100x100cm. (2009)
S/T - Infografía, 100x100cm. (2009)

S/T

Técnica Mixta
Infografía
50x50 cm.

2009

 

 

S/T
Infografía
100 x 100cms.
2009
 

   PAISAJES SIN MEMORIA

En la ciudad nos aburrimos, ya no queda ningún templo del sol. Entre las piernas de las paseantes, los dadaístas hubieran querido encontrar una llave inglesa y los surrealistas una copa de cristal.  
GILLES IVAIN, Formulario para un nuevo urbanismo. (Urbanismo  situacionista) Gustavo Gili. 

Vivimos en sociedades inmersas en un proceso creciente de globalización donde la ciudad global, funcional y pervertida por un capitalismo sin escrúpulos, como territorio de supervivencia, con espacios urbanos definidos por intereses especulativos y políticos y un reacomodo constante de la población. 

     Una  ciudad actual tiene edificios con espacios alineados, homogéneos y fácilmente controlables
TOYO ITO, Arquitectura de límites difusos, Ed.Gustavo Gili, 2006.

   En mis paisajes hay un despojo total de accesorios y una indefinición del lugar hasta quedarse en esencias mínimas, neoplasticistas y minimalistas como mundos de silencio y soledad urbana (Casi a la manera de las perspectivas desoladas de De Chirico).Frente a las grandes utopías del cambio global, realizo una propuesta individual de intervención como una microutopia mediante el trazo de unas geometrías, partiendo de estructuras modulares básicas en forma de cubos como metáfora del hábitat y por extensión o simplificación por formas cuadradas, trazadas estas con total libertad, improvisación, “imperfección” con el fin de crear un universo en el que es posible construir un paisaje más humano y lúdico creando espacios nuevos donde la geometría no sea un instrumento de control social como apuntaba M. Founcault, de espacios alineados y fácilmente controlables, sino como laberintos, apropiándonos de nuestro espacio como una “Nueva Babilonia”, pero más que inventar una arquitectura o un nuevo urbanismo, haciendo a pequeña escala un mundo como queremos que sea.


Luis Lanzas

fotografía: Pablo Lorenzana (La Voz de Asturias)

Certera indefinición

Ángel Antonio Rodríguez

 

Más allá de cualquier referencia arquitectónica, del reflujo geométrico que respiran sus piezas, de la paciente austeridad de la imagen manipulada, del hoy o del ayer, del alcance más o menos realista de sus logros, del placer más o menos estético de sus composiciones, de la emoción más o menos contenida y del poso más o menos conceptual que le mantiene activo, Luis Suárez Lanzas define la indefinición.

 

No en vano, que lo real sea variable hace que también sea variable lo verosímil, y eso provoca un certero desfase entre conocimiento y descubrimiento. En la búsqueda está la clave. Una de las aplicaciones más sinceras del arte es tratar de alcanzar la realidad con los gestos, para retroceder bruscamente y no tocarla nunca, al margen del carácter representativo o no-representativo del resultado.  Los recursos estructurales no determinan un proyecto de representación.  Su fuerza, su energía, se genera en función de las necesidades (“mundos de silencio y soledad urbana” las denomina Lanzas, bajo esa visión metafísica que hoy propone) y se sirve de la noción de juego, de aquel “como si” capaz de explicar las relaciones entre el mundo real y la ficción.

 

La indefinición del lugar que habitamos, pensamos o creamos en ese perenne diálogo mantiene la búsqueda de Lanzas. Las investigaciones destinadas a la disposición de los elementos del marco urbano, en relación estrecha con las sensaciones provocadas, no se presentan sino como hipótesis audaces que conviene corregir a la luz de la experiencia, la crítica y la autocrítica íntima. Como ciertas pinturas de De Chirico, que se configuran con sensaciones cuyo origen se encuentra en la arquitectura pero plantean una acción de retorno sobre su base más objetiva, los cuadros de Lanzas se transforman siempre. Y jamás se repiten. Son maquetas o ensayos de ese no-lugar que Augé definió como lo contrario a una residencia, en el sentido común del término.

 

El nomadismo de Lanzas y el anonimato de sus escenas son fundamentales para la base fotográfica inicial, que capta, manipula, desenfoca y, con la virtualidad digital como cómoda compañera, le permite crear esta “nueva Babilonia” de sus piezas. Con todo, el artista asturiano escenifica sus edificios despersonalizados, esa “ciudad sin identidad” que Jaime Luis Martín hallaba en su anterior exposición. Escenas de cualquier momento, de cualquier instante o cualquier lugar, cuyo paseo previo por decenas de urbanizaciones miméticas proporciona una experiencia fundamental para, al menos, pensar, para obtener un esquema vital abierto al ojo inteligente y superar la referencia. Improvisación, voluntaria imperfección, microutopías, metáfora del hábitat, laberintos, esencias mínimas, fotografías pintadas -¿pinturas fotografiadas?-, esculturas dúctiles o colgantes que se asumen como situaciones construidas y se entregan a la expectación ajena para, quizás, una destrucción colectiva de pautas reflexivas.

 

Y de fondo, y de forma, como estrategia última, la esencialidad plástica, ese otro no-lugar tan impactante donde la armonía se filtra en las miradas.